Egipto, el filón de la basura electrónica

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A las afueras de El Cairo, la revolución digital ha llegado a la ‘ciudad de la basura’, donde sus habitantes se dedican a recoger desechos: los escolares toman clases de informática e impulsan empresas competitivas, y un grupo de mujeres aprenden a manipular y reconstruir ordenadores asequibles para los vecinos.

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POR ANGELO ATTANASIO Y JERONIMO GIORGI

Domingo, 16 de marzo del 2014

  • Los hombres se dedican a la recolección de residuos, y las mujeres y los niños los reciclan.

  • Los hombres se dedican a la recolección de residuos, y las mujeres y los niños los reciclan.

  • Todos los miembros de la famila colaboran desde pequeños en la recolección y clasificación de la basura.

  • Los hombres se dedican a la recolección de residuos, y las mujeres y los niños los reciclan.

  • Los hombres se dedican a la recolección de residuos, y las mujeres y los niños los reciclan.

  • En el barrio de Manshiyat Naser se reciclan gran parte de los desechos de El Cairo.

  • Los hombres se dedican a la recolección de residuos, y las mujeres y los niños los reciclan.

  • Los hombres se dedican a la recolección de residuos, y las mujeres y los niños los reciclan.

Un vaho caliente, espeso y dulzón inunda las calles y penetra las fosas nasales con un hedor nauseabundo. Es el vapor putrefacto que emana de la descomposición de los desechos de la ciudad. La basura de El Cairo tapiza el suelo, cubre los edificios y desborda las azoteas de Manshiyat Naser, la ciudad de la basura.

Allí, en el último piso de un edificio maltrecho de la calle principal, vive Moussa Nazmy, un chico de 21 años cuya vida gira entorno a la basura, al igual que la de los 60.000 habitantes de este asentamiento, ubicado en la base de la colina Mokattam, a las afueras de la ciudad. Un barrio donde los hombres se dedican a recorrer las calles a pie o en carro recolectando basura, mientras las mujeres y los niños clasifican las inagotables pilas de residuos que inundan su ciudad.

«Durante un año enseñé a reciclar botellas de champú», explica Moussa, exalumno y profesor de la Escuela de Reciclaje de la asociación Spirit of Youth, dedicada a educar y prover de trabajo a los niños. Debido a que empresas fantasma utilizaban envases de champú de marcas reconocidas para vender sus productos, los grandes fabricantes empezaron a pagar a la escuela por la recogida de sus envases. Las botellas recuperadas por los niños eran destruidas y el polvo de plástico vendido a los recicladores.

Comunidad de coptos

Estos niños no son como el resto de los cairotas. Son jóvenes zabbaleen, como se conoce a la comunidad de cristianos coptos que desde hace más de 50 años se dedican a la recolección de la basura de El Cairo. Una comunidad que ha sido estigmatizada por el resto de los egipcios por su fe cristiana y su forma de ganarse la vida. «La gente nos ve como si no fuéramos buenos trabajadores -explica Moussa con cierto resentimiento-.

Pero estamos trabajando para limpiar la basura que ellos dejan, y eso nos hace buenas personas».

 

Alrededor de una mesa redonda, tres niños de unos 6 años juegan a las cartas con Laila Zaghloui, la directora de la escuela, mientras otro grupo de chicos se amontonan entorno a los ordenadores del laboratorio de informática. «Aquí les damos educación socio-ambiental para que desarrollen su oficio», afirma la directora. De hecho, el objetivo de la escuela, fundada en el 2004, es preparar a los futuros recicladores suministrándoles experiencia laboral, conocimientos medioambientales, educación básica y alfabetización informática.

«Aquí les enseñamos a trabajar digitalmente, y eso es muy útil para su futuro», explica Mary Mofes, la profesora de informática, que también pertenece a la comunidad zabbaleen. Durante las clases, los 191 alumnos que tiene la escuela aprenden programas de manejo de mapas y localización geográfica, y analizan las diferentes zonas de la ciudad. A pesar de la corta experiencia, la directora afirma que el proyecto está dando buenos resultados, ya que «la mayoría de los graduados están creando empresas de reciclaje más modernas y competitivas».

La actividad económica en la ciudad de la basura, sin embargo, sigue siendo informal, y las infraestructuras básicas como el agua corriente, el alcantarillado o la electricidad siguen teniendo grandes carencias. Pero los zabbaleen, que en árabe significa gente de la basura, no siempre se han dedicado a la recolección. Originalmente los coptos habitaban el Alto Nilo y se dedicaban a la crianza de cerdos, hasta que las inclemencias climáticas en las décadas de 1930 y 1940 les obligaron a emigrar a la ciudad, donde empezaron a trabajar en la recolección de papel y cartón. Más tarde, en los años 70, las familias asentadas en la zona de Imbaba fueron desalojadas, y la mayoría se estableció en las canteras abandonadas al pie de las colinas Mokattam, a las afueras de El Cairo, donde continuaron subsistiendo de la basura. En el 2003, sin embargo, el Gobierno otorgó la recolección de la basura a empresas privadas, cosa que empeoró aún más la situación económica de la comunidad.

«Cuando las empresas extranjeras se hicieron cargo del negocio, los recolectores perdieron gran parte del trabajo», explica Ezzat Naem Guindy, el director de Spirit of Youth, la oenegé creada en el 2004 por un grupo de jóvenes con el fin de capacitar a desocupados y reintegrarlos en el mercado laboral. A pesar de que actualmente las empresas privadas se encuentran inactivas, con la privatización se perdieron miles de puestos de trabajo, y los jóvenes y, sobre todo, las mujeres fueron los más desfavorecidos. Por ello, en el 2009 la oenegé, en colaboración con CID, una consultoría especializada en emprendimientos sociales, y la operadora de telefonía móvil Mobinil, crearon el Proyecto de Reciclaje de Residuos Electrónicos con el fin de reinsertar laboralmente a mujeres jóvenes a través de la recuperación de ordenadores y el reciclaje de basura electrónica.

Al final de un callejón atiborrado de basura y recostada contra una roca de la colina de Mokattam, en cuya cima se levanta la Iglesia de San Simón, la más grande de Oriente Próximo, se encuentra la sede de Spirit of Youth. Allí tres veces por semana unas 20 chicas trabajan junto a un ingeniero desmantelando los equipos, comprobando el estado de las piezas, clasificando y reensamblando los nuevos ordenadores, explica Ezzat. Luego se instala el software de Microsoft, cuya licencia la oenegé ha obtenido a muy bajo coste, y finalmente los residuos son vendidos a los recolectores, y los ordenadores, a los vecinos. El dinero recaudado se distribuye a medias entre las operarias y la asociación.

«Con precios baratos fomentamos que los zabbaleen utilicen las nuevas tecnologías», afirma Ezzat. Efectivamente, a pesar de la pequeña escala del proyecto, la oenegé ha propiciado que los vecinos accedan a un ordenador, algo impensable hasta el momento. Sin embargo, esta organización no solo vende ordenadores a la mitad del precio del mercado, sino que hace donaciones a la Iglesia y a organizaciones como la Escuela de Reciclaje donde estudió Mousa.

Falta de donaciones
El gran esfuerzo de estas jóvenes por reducir la brecha digital en su comunidad, sin embargo, se ve entorpecido por la falta donaciones, uno de los mayores problemas para seguir acercando la tecnología a los zabbaleen. Por lo tanto, las mujeres aprovechan las largas horas de ocio para aprender informática con ordenadores recuperados por sus propias manos. Porque, además de contar con un dispositivo, hay que saber usarlo. «En mi casa tenía un ordenador, pero ni lo tocaba», afirma Soad Kamel, una operaria de 33 años. «Sin embargo, ahora he empezado a utilizar algunos programas».

En el taller del Proyecto de Reciclaje de Residuos Electrónicos, además de reconstruir ordenadores y estudiar informática, las jóvenes también aprenden a manipular los componentes peligrosos de los aparatos para separarlos de forma segura y enviarlos al vertedero de El Nasserya, al oeste de Alejandría. La reducción del impacto ambiental de los desechos electrónicos es otro de los objetivos de Spirit of Youth, ya que, al igual que el resto del planeta, Egipto aumenta año tras año su basura digital. Según estadísticas del Ministerio de Comunicaciones y Tecnología de la Información, en el 2013 el 44% de los hogares contaba con un ordenador y había 100 millones de móviles en circulación.

Pero más allá de la producción local, el aspecto que más preocupa son los residuos extranjeros vertidos en el país. Se estima que la generación de basura electrónica mundial crece a alrededor de 40 millones de toneladas al año, y «no parece que el mundo tenga la intención de ser más responsable», afirma Leila Iskander, directora de la consultora CID hasta principios del 2014 y actual ministra de Medio Ambiente. «Por ello la llegada de residuos electrónicos y su manejo es un aspecto fundamental».

La manipulación y el contacto con elementos contaminantes de los desechos electrónicos, como el mercurio, el plomo o el cadmio, pueden causar enfermedades cerebrales en el sistema nervioso o causar infertilidad, además de generar graves daños ambientales. Sin embargo, a pesar de que el Convenio de Basilea prohíbe desde el 2011 exportar desechos peligrosos a países pobres, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo del 2012 Egipto es uno de los destinos del desecho electrónico mundial.

El negocio de la basura digital
Los desechos electrónicos representan una amenaza para los países en vías de desarrollo. Pero más allá de los perjuicios, también ofrecen ciertos beneficios económicos. La abundancia de metales como acero, cobre, aluminio, oro o platino en los dispositivos en desuso se ha convertido en los últimos años en un medio de subsistencia de recolectores que se dedican a clasificar estos metales para venderlos a operadores mayoristas. Sin embargo, si bien el reciclaje ha abierto una nueva oportunidad, hay otro problema que tiene que ver con el precio en el mercado internacional. «Las directivas de la UE no se aplican a las empresas y a los precios que estas pagan en el sur, solo se regula lo que hacen en Europa», explica Leila Iskander desde su moderna oficina con vistas al Nilo.

A pesar de las dificultades, en el 2009 un grupo de jóvenes cairotas crearon RecycloBekia, la primera empresa de reciclaje de desechos electrónicos de Oriente Próximo. En un barrio del sur, donde la ciudad empieza a diluirse en el desierto, está la factoría de la empresa. Allí trabajan un pequeño grupo de operarios que cada mes recuperan unas 20 toneladas de metales tras descuartizar miles de ordenadores, impresoras y otros artilugios en desuso.

Falta de marco legal
«Ser la primera empresa tiene ventajas, como no tener competidores», explica Mostafa Henmdan, el joven director de RecycloBekia, que sacó la inspiración de un documental de National Geographic. «Pero también hay desventajas, como la falta de experiencia o de un marco legal». El reciclaje de la basura digital se divide en cuatro etapas. Sin embargo, la empresa se limita a la recolección, el desmantelamiento y la clasificación, ya que el refinamiento para recuperar los metales es un proceso costoso que se realiza en unos cuantos países desarrollados. Pero a pesar de esta y otras tantas dificultades a la que se enfrentan día a día, esta incipiente empresa ya empieza a hacerse un nombre en el mercado. Como dice Mostafa: «No estamos construyendo una empresa. Estamos estableciendo la industria».

Si bien RecycloBekia lleva dos años reciclando basura digital, aún no ha pasado el tiempo suficiente para saber si la empresa es exitosa o no, afirma Sherif Issa, jefe de Salud y Medio Ambiente de Mobinil, la operadora de móvil que colaboró en la creación de Spirit of Youth. Pero más allá de su éxito, tarde o temprano, tanto en países desarrollados como en emergentes, de forma industrial o artesanal, la basura digital deberá ser tratada, y los gobiernos deben adoptar una actitud responsable. «Hasta hace un año no había ninguna cultura de reciclaje aquí en Egipto», explica Nahla El-Shamy, la responsable de relaciones públicas de RecycloBekia, desde la oficina de la empresa.

Y para seguir difundiendo esta nueva cultura, esta egipcia perteneciente a una nueva generación de emprendedores espera que el Gobierno se implique más y les ayude a difundir la cultura del reciclaje. No solo para evitar enfermedades y daños medioambientales, sino para desarrollar la economía verde y crear puestos de trabajo para los egipcios.

 

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