Archivo de la etiqueta: Metales

Mi vida, la chatarra

http://www.lavozdelsur.es/mi-vida-la-chatarra

Visitamos el desguace Puente del Duque, del Polígono Industrial El Portal, donde a diario centenares de personas llevan su chatarra para intentar llevarse un dinero a casa que les permita comer caliente.

 “La crisis nos ha favorecido”, afirma el encargado del negocio.

08-11-2014 /

“Dos kilos de cobre funda. DNI y pase por ventanilla. Ocho kilos de chapa. DNI y pase por ventanilla. Cinco y medio de latón limpio. DNI y pase por la ventanilla…” La letanía es prácticamente constante en el desguace Puente del Duque, del polígono industrial El Portal. Jesús Mora, el encargado, pesa cada día centenares de piezas de chatarra que traen a su vez otros tantos clientes con tal de llevarse un poco de dinero a casa. “Suena mal que lo diga, pero se podría decir que a nosotros nos ha venido bien la crisis. No sólo por la gente que viene aquí ahora, sino por la cantidad de empresas ligadas a la construcción que al cerrar tuvieron que vender todo lo que tenían”, afirma Jesús, de 50 años, toda la vida en un negocio, el del reciclaje, en el que ya empezó su bisabuelo allá por 1917, en Estancia Barrera, cuando por entonces lo que más se trabajaba eran trapos, gomas, vidrios huesos y lana.

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The Glitz and Glamour of the Scrap-Metal Trade

http://www.theatlantic.com/china/archive/2013/11/the-glitz-and-glamour-of-the-scrap-metal-trade/281309/

The Glitz and Glamour of the Scrap-Metal Trade

For a journalist and his wife, the garbage and recycling business brings them close to a world of fortunes made and lost.
Nov 11 2013,
The scrap-metal business, despite its unglamorous connotation, has minted no small number of very rich people. (Adam Minter)

The Saudi Arabian scrap-metal tycoon I met 30 minutes ago is explaining why his brother’s camel cost a million dollars. “The face,” says Mr. M with a happy smile. “It has the perfect face.” He pulls out an iPhone and scrolls through photos of humpy ungulates yawning against blue skies and white sands. I pretend I can tell them apart.

It’s been like this our entire stay at the Pudong Shangri-La in Shanghai, home of the 2013 Bureau of International Recycling convention. Dinner with an American scrap-metal processor whose brother bought a castle in France. Drinks with a Taiwanese scrap broker who’s gotten fabulously wealthy importing American scrap into China. Sightings of so-and-so recycling magnate who splurged on a hill and snowmakers in Southern California so his kid could have a ski party for his birthday.

One night, a group in the hotel lobby catches my eye: dapper men in crisp suits; lithe, lovely women draped in silk and jewels. “Who are they?” I ask my husband Adam Minter, a scrap journalist. There is an aura of elegance, of celebrity around them that tells me these aren’t corrupt Chinese officials with their two-bit mistresses. Adam whispers a name in my ear. “Very rich, very influential Chinese scrap family,” he says. “They’re very nice people, too.”

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How China Profits From Our Junk

http://www.theatlantic.com/china/archive/2013/11/how-china-profits-from-our-junk/281044/

How China Profits From Our Junk

In this excerpt from the forthcoming Junkyard Planetauthor Adam Minter explores China’s central role in the world’s vast global recycling trade.
Nov 1 2013,
A Shanghai scrap yard (Adam Minter) 

China’s reputation as the “world’s factory” is well-established. But what happens to everything the world throws away? Since 2002, the Shanghai-based journalist Adam Minter has sought to find out. The son and grandson of scrap metalists, Minter traveled throughout the world to investigate how what we discard—and reuse—helps drive the global economy.

Minter, who has written for a variety of publications (including both the print and digital versions of The Atlantic), now writes a weekly column on China for Bloomberg. In this excerpt from his forthcoming book Junkyard Planet, which will be published by Bloomsbury Press on November 12,  Minter travels to the epicenter of the global scrape trade: southern China.

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Las pantallas viejas, un grave problema para el reciclado

http://www.lanacion.com.ar/1567428-las-pantallas-viejas-un-grave-problema-para-el-reciclado

Las pantallas viejas, un grave problema para el reciclado

El paso de los viejos equipos con tubos de rayos catódicos a los modelos modelos LED o LCD generaron un aluvión de basura electrónica con componentes tóxicos que exceden la capacidad de las plantas recicladoras

Por Ian Urbina  | The New York Times

 
Los monitores y televisores con tubo representan una de las más serias amenazas a la industria del reciclado de componentes electrónicos, debido a la toxicidad de sus partes. Foto: AFP 

El año último, dos inspectores de la agencia de residuos peligrosos de California visitaban a una empresa de reciclaje de artefactos electrónicos cerca de Fresno para llevar a cabo una revisión rutinaria de documentos cuando se encontraron con un almacén, del tamaño de una cancha de fútbol, repleto de decenas de miles de viejos monitores de computadora y televisores.

Las cajas de cartón que se desmoronaban, apiladas en filas tambaleantes de casi tres metros de altura y cuatro metros de profundidad, ocupaban tanto espacio que los inspectores necesitaron teléfonos celulares para comunicarse entre ellos. La capa de cristales rotos en el suelo y el polvo cargado de plomo en el aire eran tan densos que los inspectores pronto abandonaron el sitio debido a preocupaciones de seguridad. Semanas más tarde, el dueño de la empresa de reciclaje desapareció, abandonando los residuos, y dejando atrás un riesgo de toxicidad y un costoso trabajo de limpieza para el Estado y el propietario del almacén.

Hasta hace pocos años, los monitores y los televisores rotos, como aquellos apilados en el almacén, se reciclaban de manera rentable. Los embudos grandes y vidriosos dentro de estas máquinas, conocidos como tubos de rayos catódicos (CRT, por su sigla en idioma inglés) eran fundidos y usados para hacer nuevos tubos.

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La crisis lleva a centenares de africanos a recoger hierros por las calles de Barcelona

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/02/25/catalunya/1330198632_698695.html

La crisis lleva a centenares de africanos a recoger hierros por las calles de Barcelona

– Los subsaharianos recorren la ciudad de arriba abajo a la búsqueda de chatarra

– Por un carro de supermercado lleno les pueden dar entre 5 y 15 euros

Katim, el subsahariano que trabaja en un almacén de recogida de chatarra. / CARLES RIBAS

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“Trabajamos como negros”. Lo dice un negro. Medio senegalés, medio gambiano, Katim, lleva la mitad de sus 31 años en España. Es una máquina de soltar verdades. “Yo soy el primero a quien no le gusta hacer esto. ¿Tú crees que si tuviera trabajo estaría aquí?”. Aquí es el almacén de la calle de Zamora de Barcelona donde centenares de africanos acuden a diario a vender la chatarra que recogen de una punta a otra de la ciudad. La transportan en carros de supermercado, lo que les caracteriza. “No hay más remedio que hacer esto. Después de 10 años trabajando en baratillos de Andalucía, en el campo y en la construcción… y pagando el alquiler, ahora estoy de okupa, yo, que pensaba que esto era de hippies blancos anticapitalistas. Es lo que hay”. ¿Y volver a África? “Primero habría que tragarse el orgullo del que vuelve a casa con una mano delante y otra detrás”, contesta.

Es difícil discernir si a Katim le molesta más trabajar en las naves de la chatarra o arrastrar el estigma de los inmigrantes. “No molestamos a nadie. Trabajamos aquí y lo que gastamos, lo gastamos aquí, en tiendas de aquí”. Ganas no le faltan de ir por ahí a robar. Pero se aguanta y trabaja en la nave. De hecho, no es una nave, son dos. Enormes. En una entrada hay una báscula. High tech entre la oscuridad y la basura. En la otra, un camión que se llena poco a poco. A veces el material se vende a algún chatarrero del Poblenou. Otras, los chatarreros pasan con los camiones y cargan lo que les interesa.

El resto del espacio está tematizado: montones de bombonas de butano, de cable, de neveras, otros electrodomésticos por tamaños, ordenadores, bicicletas y sillas de ruedas, sartenes y ollas… A lo único que no accede Katim —parece el encargado de la nave— es a dejar fotografiar el espacio, de donde no para de entrar y salir gente. Ante la insistencia, un “lo siento”, con cara de añadir que esto es ilegal y no queremos que vengan los Mossos.

Mustafá y su carro de la chatarra. / CARLES RIBAS

“Nos sacamos 5, 10, 15 euros… depende”. El que habla es Mustafá. También senegalés, de 42 años; lleva 10 en España, primero en Jaén, mientras hubo trabajo. Ahora en Barcelona. El carro y la chatarra. Altísimo y delgado, manos enormes y secas como una lija. Parco en palabras. Hoy ha cruzado la ciudad. De Gràcia al Bogatell: paseo Sant Joan, Diagonal, Marina, Gran Via, Lepant, Meridiana, Sancho de Ávila, Zamora. Menos mal que es bajada.

En el carro lleva pequeños objetos metálicos y un banco de gimnasio: con su parte para sentarse, sus patas y sus perchas. En el bolsillo, la otra herramienta básica de su trabajo, además del carro: un imán. En caso de duda le sirve para comprobar si el objeto que encuentra es metálico.

A falta de las obras de donde antes se surtían los chatarreros, ahora tiran de contenedores. La mayor parte de las veces, los objetos valiosos para ellos están fuera, tirados al lado. Lámparas, planchas, sartenes, minipimers, barras de cortina de ducha, cajas o cajones, teclados, juguetes… Son desechos que los vecinos no se molestan en llevar al Punt Verd. Otra fuente de género son los contenedores o sacos de obras, pero con el parón de la construcción ahora escasean. “Anda que no les he dado yo tuberías a los chatarreros cuando trabajaba en la construcción” recuerda Katim ante la puerta del almacén.

El 80% de los que acuden al almacén del Poblenou son subsaharianos. También hay algún magrebí, gitanos y un chino. Españoles, casi nunca. Prácticamente todos son hombres. Solo entra una mujer, olla en mano. Trae la comida a sus compatriotas. Un tipo con cara de pocos amigos habla con Katim en mandinga. Está claro que es el que manda más porque le dice que ya vale de hablar con extraños. Sin prisa, Katim se despide con una encajada de manos.

En ese momento salen unos gitanos que habían entrado en la nave. El carro que llevan sale como entra: lleno. “No quieren nada y solo nos dan cinco euros”, dice un gitano rezongando. Cargan zapatillas deportivas en buen estado, juguetes, jarrones y adornos domésticos, un teclado e incluso un juego de café nuevo. Si fuera lunes, miércoles o viernes subirían hasta los Encants, al mercado de la Miseria. Pero hoy ni eso. Hoy ni la basura tiene valor.

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