Archivo de la etiqueta: RAEE/e-Waste

Tu nevera acabará en un vertedero

http://elpais.com/elpais/2015/10/15/ciencia/1444912109_345776.html

La basura electrónica está fuera de control: el 80% de estos residuos contaminantes, 600.000 toneladas, se desconoce donde acaban

Un operario, en la planta de Recyberica, durante el proceso de reciclaje / BERNARDO PÉREZ

España es el paraíso de la basura electrónica. El volumen de residuos no reciclados al año permitiría construir un muro de cuatro metros de altura de Madrid a Barcelona (504,91 kilómetros). 600.000 toneladas de neveras, frigoríficos o televisores son desguazados en plantas no autorizadas o canibalizados por mafias a golpe de martillo. No importa que contengan productos peligrosos y altamente contaminantes. Se abandonan en cualquier vertedero o arcén.

El informe CWIT del 30 de agosto de este año, que elabora la Interpol y la Universidad de las Naciones Unidas, entre otras instituciones, sitúa a España en la cola europea del reciclado, solo por delante de Rumania y Chipre. El 80% de estos residuos se desconoce dónde acaban. No solo supone un grave problema medioambiental y sanitario, también económico. En Europa, la pérdida directa, según el documento, se estima entre los 800 y 1.700 millones de euros.

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E-Waste Republic

http://interactive.aljazeera.com/aje/2015/ewaste/index.html

E-WASTE REPUBLIC

Jacopo Ottaviani

Photography and design: Isacco Chiaf

Over 40 million tonnes of electric and electronic waste (also known as e-waste) are produced worldwide every year. That is boundless heaps of refrigerators, computers, television sets, ovens, telephones, air conditioning units, lamps, toasters and other electric and electronic devices, with a total weight equal to seven times that of the Great Pyramid of Giza. The greatest producers of e-waste per person are the United States and the European Union, while developing countries, such as China, are producing an ever-increasing amount. Only a small part of this waste – about 15.5% in 2014 – is recycled with methods that are efficient and environmentally safe.

The West African country of Ghana, currently undergoing intense economic growth, is an important centre for receiving, re-using, recovering and disposing of electronic waste. Accra, the capital, hosts a thriving second-hand market, a sprawling network of repair shops, and a range of activities which attempt to tap into the full potential of e-waste. And yet, it is also the location of an enormous and heavily polluted electronic waste dumpsite.

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Life of electronics: programme and talks’ videos!!

http://www.ict4dc.org/green-it/life-electronics

LIFE OF ELECTRONICS

21st November 2014
University of London Union
WC1E 7HY London , LND

United Kingdom

Programme

1:00 Welcome and introduction to the day.

1:10 Block 1: Conflict minerals and workers’ rights

1:39 Block 2: Ethical consumption

2:08 Block 3: Responses to the e-waste problem

2:37 Block 4: Bottom-up approaches to e-waste recycling

3:16 Panel discussion with all participants.

4:00 Networking session, drinks, and visit to stands

  • 4:00 Some panelists will showcase their products or work during the session.

4:55 End of the conference.

6:00 Informal debriefing and drinks together with the ICT4D London Meetup group.

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La basura electrónica, alta tecnología que envenena

La basura electrónica, alta tecnología que envenena.

 

Fiordo del sur de Groenlandia, donde los residuos eléctricos acaban en el mar sin ningún tratamiento. |@ROSA M. TRISTÁN

 

ROSA M. TRISTÁN

 

Cuando hace un año estuve en Groenlandia hubo una imagen que me dejó tan impactada como su fascinante belleza. Junto a un fiordo espectacular se acumulaban toneladas de residuos: coches, bidones de combustible (cuyos restos fluían hacia el agua por el que navegaban los icebergs) y centenares de aparatos eléctricos (lavadoras, frigoríficos, planchas, ordenadores…) cuyos componentes ensuciaban la prístina majestuosidad del entorno. Casi 12 meses más tarde, conocí a la documentalista Cosima Dannonitzer, pues tuve la suerte de presentar su documental ‘Comprar, tirar, comprar’ sobre la obsolescencia programada en unas jornadas de Mediapro en el Matadero de Madrid. Allí me habló de su último trabajo, sobre el que conversamos en esta entrevista, y la imagen de aquel lugar hermoso y trágico me volvió a la mente.

 

Si Dinamarca les vende tanta tecnología en Groenlandia, si un país tan avanzado y tan europeo lleva toneladas de máquinas a este paraíso natural…. ¿por qué no gestiona la basura en la que se convierte poco después, en buena parte por esa llamada obsolescencia programada? Nadie supo darme otra respuesta que ésta: “Pasan, les resulta muy costoso llevársela”.

 

En aquel vertedero ví algunas mujeres de la ciudad cercana que iban a la búsqueda de esa pieza rota para la que no encontraban recambio. “Es nuestra ferretería, aunque no es fácil dar con lo que necesitamos”, decían. Sabían que no lo encontraban, en unos días otro aparato aumentaría la montaña de porquería tecnológica. Aún estando a la vista, y con acceso libre, cuando comencé a tirar estas fotos, los responsables de tan infame vertedero vinieron hacia mí con mala cara, amenazantes. No pude hablar con ellos, imposible averiguar  porque no hay una normativa que impida ese desastre, un estudio que hable del impacto ambiental y personal de esos vertederos en los peces ingieren químicos que luego se come la población, o las focas que luego ingieren los osos polares.

 

Aprovecho ahora la entrevista a Cosima Dannonitzer para publicar algunas de las fotos que ilustran bien de lo que hablamos. No es África, no es China. Eso es Europa del norte, el Ártico. Al ser humano le cuesta dejar un rincón incólume.

 

Incluyo también el reportaje que publiqué en EL MUNDO sobre este asunto: BASURA ELECTRONCIA EL MUNDO

 

Cosima Dannoritzer

 

Entrevista aquí: PUBLICADA EN ESCUELA 

 

Los documentales de la joven realizadora alemana Cosima Dannoritzer siempre sorprenden. En 2011, con ‘Comprar, tirar, comprar’ puso el dedo en la llaga de la denominada ‘obsolescencia programada’, esa reducción deliberada de la vida de los productos, planificada para incrementar el consumo. Ahora, en 2014, ha vuelto a la carga con una nueva película documental titulada ‘La tragedia electrónica’, estrenada recientemente y premiada ya en varios festivales. Dannoritzer está convencida de la importancia de informar de los fallos de un sistema de reciclaje que creemos infalible, a la vez que se conciencia, desde temprana edad, sobre la segunda vida de esas maquinitas que se cambian tan alegremente, una cara oculta que está pintada de miseria y enfermedad.

 

¿Este segundo documental sobre la basura era inevitable después del primero?

 

La obsolescencia programada es un sistema bueno para la Economía, pero muy malo a largo plazo para el planeta, porque supone gastar recursos para producir una y otra vez lo mismo. Con ese trabajo fuimos a un vertedero en Ghana donde los niños se contaminan recuperando cobre y otros materiales de nuestros aparatos. Mucha gente se preguntó entonces cómo era posible que los residuos acabaran en África si tenemos plantas de reciclaje, leyes, controles en los puertos, acuerdos internacionales… Si cuando compramos un aparato, pagamos una sobretasa para el reciclaje. Queríamos contestar a esa pregunta.

 

Dos groenlandesas, a la búsqueda de alguna pieza en el vertedero del fiordo. |@ROSA M. TRISTÁN

 

El documental refleja que hay grandes fallos. ¿Qué podemos hacer los consumidores?

 

Efectivamente, comprobé que en cada paso hay fallos que van sumando. La primera cosa sería producir menos, y eso supone un cambio de conciencia. Debemos ser conscientes de que nuestra tableta o nuestro móvil son máquinas muy tóxicas, con una vida larga como residuo. También sería importante proteger más los ‘puntos verdes o blancos’ adonde se llevan y donde hay robos, que dan igual porque se considera basura. Pero no es así. En realidad podrían ser un tesoro de recursos para reutilizar; a la vez es material tóxico que hay que tratar con cuidado. Así que hoy es una tragedia. ¿De qué sirven las leyes si no se aplican? Ahí está la ‘Operación Fragmento’, en 2011, cuando encontraron medio millón de frigoríficos fuera del sistema de reciclaje. En este país se han quitado muchos inspectores y hay plantas de reciclaje sin equipamiento. En Valencia, algunas incluso tienen contratos con chatarrerías porque les sale más barato que reciclar. Eso no puede consentirse.

 

¿Cómo hacer llegar estos mensajes a los jóvenes?

 

Creo que los profesores podrían enseñarles lo que tienen dentro sus aparatos en la clase de Química, contarles lo que les pasa a los niños que en África queman esos materiales, que sufren daños en el cerebro y en sus órganos. Deberían explicarles que cuando compran un móvil en una tienda, como consumidores tienen derecho a devolverlo en el mismo lugar cuando ya no lo usan. Hoy los jóvenes tienen entre cinco y 10 aparatos electrónicos en su vida cotidiana. Es evidente que la tecnología nos rodea y la cuestión está en si nosotros la cambiamos a ella o ella a nosotros. Los jóvenes deben ser conscientes de que sus aparatos se pueden reparar, vender de segunda mano, regalar… porque una vez en el contenedor, camino de África, ya no hay remedio.

 

@ROSA M. TRISTÁN

 

¿Qué le impactó más durante el rodaje del documental?

 

Desde luego, los niños que trabajan reciclando lo que tiramos sin pensar. Pero me asusta más que en la UE, donde tenemos leyes y un sistema moderno, haya tantos fallos. Es terrible que alguien se quede con el dinero que pagamos para el reciclaje y que esa basura se venda y llegue a un país donde se recicla sin ningún equipamiento protector, algo que en Europa estaría penalizado. Pero es una cadena y se la pasamos al más débil. En China, es abrumadora la cantidad de material que les llega de todo el mundo. Es el gran basurero del planeta.

 

¿Tuvo problemas para grabar?

 

Si, en España. Los políticos no querían aparecer ante la cámara para admitir que hay un problema. Pero, si  no lo denuncian quienes tienen el poder, si cierran los ojos, nadie se enterará. El Ministerio de Medio Ambiente nos comentó que no tenía la culpa si la gente dejaba cosas en la calle, pero no es así; es el sistema el que falla. Tenemos pruebas recogidas con cámara secreta de que se desvía el material que va a las plantas de reciclaje. Algunas cadenas, como Carrefour, tampoco nos atendieron. Llegaron a decir que los africanos o chinos quieren esos materiales. Y entonces ¿por qué no les enviamos el dinero del reciclaje y que lo hagan allí bien? En el fondo es corrupción: me quedo con el dinero y no lo hago.

 

¿Cuál es la situación de España en el ranking de la basura electrónica?

 

Es de los peores. La UE hizo un estudio hace unos años y el resultado era que en Europa no se reciclan dos tercios de la basura electrónica, pero en España, OCU hizo una prueba colocando chips en varios aparatos y el 75% no acabó en plantas de reciclaje. Incluso una vez dentro, volvían a salir. Y cada máquina que no vuelve al sistema es preocupante. Igual estas plantas deberían cobrar por aparato reciclado y no por adelantado. Como señalaba, nos olvidamos que cada ordenador y cada móvil contiene oro, plata, cobres… Metales que son escasos y caros  y que dejamos escapar Europa. Es más, luego se gasta dinero en importar estos metales que van a la basura.

 

Vertedero de Accra (Ghana), del documental de Dannoritzer.

 

¿Qué acogida está teniendo ‘La tragedia electrónica’?

 

Muy buena. Ya ha sido premiado en algún festival e invitado a muchos otros; lo han emitido en TVE y nos lo piden en universidades y ayuntamientos. Sería interesante que se viera también en centros educativos, porque lo pueden pedir a la productora (Media 3.14). Además, tenemos una página en Facebook, abierta a todos los que quieran comentar y debatir conmigo sobre el tema. La diferencia por países es curiosa. En Alemania hay fuertes asociaciones de consumidores; en Francia se vuelcan en política y tienen un partido del decrecimiento, en Estados Unidos hacen demanda colectivas y aquí los ciudadanos funcionan las redes sociales, como si no se fiaran del sistema oficial.

 

¿Cuál será su próximo proyecto?

 

Aún está en esbozo, pero será sobre la rapidez de la toma de decisiones: las compras, la política, los viajes… Es la vida moderna, adonde vamos y si somos conscientes de ello. Pero hay que buscar financiación, y aquí está difícil porque se ponen pocos documentales en antena. Pero es una buena herramienta de divulgación, mucho mejor que leer un aburrido informe.

 

 

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The Internet of Things Could Drown Our Environment in Gadgets

http://www.wired.com/2014/06/green-iot/

Illustration: Getty

The pitch is that the Internet of Things will make our world a greener place. Environmental sensors can detect pollution, the voices say. Smart thermostats can help us save money on our electric bills. A new breed of agriculture tech can save water by giving crops exactly the amount they need and no more.But this vast network of new online devices could also end up harming the environment. Manufacturing all those gadgets means expending both energy and raw materials. In many cases, they will replace an older breed of devices, which will need to be disposed of (so long, non-smart thermostat). And eventually, every IoT device you buy–and people are predicting there will be hundreds of thousands–will need to be retired too. Since all these devices will connect to the net, we should even consider the energy used by the data centers that drive them.

“The Internet of Things, for us, is a way for people to get reconnected with where their energy comes from,” says Greenpeace IT analyst Gary Cook. “But it could also drive more consumption, which won’t help us.”

None of these problems are insurmountable. But with more networked devices being released everyday, it’s time to start thinking about what the real environmental impact of these devices will be–and how we can minimize it.

Shrinking the Footprint

Earlier this year, Nest claimed on its company blog that it takes only eight weeks for its thermostat to save enough energy to become carbon neutral, based on the amount of energy it takes to manufacture and distribute devices. That’s a good return on investment, but the Nest thermostat is specifically designed to save energy. Other products–such as fitness trackers, kitchen appliances, and home security systems–may have heavier footprints.

In many cases, the companies that make and sell electronics don’t know how much energy they’re using.

The problem, Cook says, is that it’s hard–if not impossible–for consumers to get a sense of the lifetime environmental impact of any given product. There just aren’t enough standards and certification bodies to provide accurate information. RoHs labels provide assurances about the amounts of toxic materials like cadmium and lead used in a product, and Energy Star can give you an idea of a product’s energy efficiency. But neither label gives you much insight into the manufacturing process or the overall lifecycle of a product. In many cases, the companies that make and sell electronics don’t know how much energy they’re using, since many components that go into a product are manufactured by other companies entirely.

Greenpeace is trying to help out in this regard with its Cool IT Challenge campaign to encourage companies not just to change their own practices but to use their influence to drive change in the industry. The campaign also includes a leaderboard that ranks how well companies are doing. “We’ve been evaluating companies both on their use of toxic chemicals in their products and how they use energy,” Cooks says. “Something we were trying to measure in the leaderboard is how much homework companies are doing.”

Perhaps the biggest environmental issue regarding network connected devices is the amount of energy used by the servers they connect to. Although big data center operators try to use as little electricity as possible–and there are more products than ever available to help these companies bring their power bills down–Cook says it’s about more than just using less energy. Companies need to be using clean energy as well.

In recent years, many major cloud companies–including Google, Rackspace, and Salesforce–have disclosed their energy usage information and pledged to eventually power their data centers exclusively with renewable energy. But Amazon, the largest cloud computing provider in the U.S., hasn’t cooperated by releasing data about its environmental impact. That worries Cook. “If Amazon doesn’t pivot to take the challenge as seriously as Google, Apple and Microsoft, it could lower the floor for everyone,” he says.

Long Lifespans, Please

But we also have to worry about all these devices being dumped into the landfill. Many communities have companies or non-profit organizations that recycle electronic waste. But it would be better if the devices had long lifespans. That’s a tall order in the era of planned obsolescence. Companies want you to buy new versions of their products every few years, or perhaps more often.

It’s inevitable though that some products are going to end up in the landfill, so it’s important to make sure they do as little harm as possible once they’re there.

Adding more smarts and a network connection to devices means that companies can more easily sell software upgrades to customers, instead of entirely new devices. That could help extend the lifespan of products–at least for companies willing to support older devices. But the fact of the matter is that many companies will cut devices loose after a while. Dan Geer, chief security officer at the Central Intelligence Agency’s venture firm, In-Q-Tel, is encouraging IoT companies to build a “self-destruct” function into devices so that older devices, which are more likely to have un-patched security issues, can’t be used after a certain date.

That means open source software will be extremely important for keeping connected devices going and out of landfill, says Michael Richardson, the co-chair of an Internet Engineering Task Force work group standardizing wireless networking for the IoT. If devices use open source code, the broader community of developers can help keep them going. “If an IoT device is not running open source, it means that as soon as someone comes up with a security problem, it’s going in the trash because major companies aren’t going to want to upgrade lightbulbs,” he says. “It’s going to end up creating more waste, more garbage.”

But it’s inevitable that some products are going to end up in the landfill, so it’s important to make sure they do as little harm as possible once they’re there. Adam Dunkels, the co-founder of Thingsquare, a cloud service for IoT developers, says one of the most important things that companies developing IoT products can do is to avoid using disposable batteries, to reduce the size of the batteries that the devices use, or even possibly create new types of batteries that are less toxic.

The Net Good

In the end, Dunkels thinks that the IoT will be a net benefit for the environment. “If you’re attaching a sensor to something that allows you to inspect this thing from afar, then you don’t need to go see it, so you don’t need to drive a car to get there,” he says. “So you spend some energy in a data center, but you don’t have to use the car ride for that.”

He also points out that the biggest potential for the IoT isn’t consumer devices, but for industrial automation, building automation, traffic light control, and other less visible but highly important applications that will ultimately save electricity.

But that doesn’t mean we should ignore the other problems. Companies that are promising a new, connected future must o do more to ensure this future is a sustainable one. And that’s going to mean releasing more information to the public–at the very least.

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